Investigadores de la Universidad Pública de Navarra, en colaboración el Imperial College London de Londres, y la Universidad de California en San Diego, acaban de publicar en la revista Physical Review B un artículo donde demuestran experimentalmente que es posible tener superluminalidad (propagación de un pulso electromagnético a una velocidad más rápida que la luz) con un nivel de transmisión 10 veces superior a los resultados existentes hasta la fecha.
"El empuje por curvatura queda todavía fuera del alcance de las naves espaciales, pero dos nuevos experimentos han llevado a un pulso de luz más allá del límite de velocidad de 300.000 kilómetros por segundo establecidos en la teoría de Einstein de la relatividad especial". Science Now, que también se hace eco de esta investigación, comenzaba así su artículo sobre los últimos avances en superluminalidad. En él explica y compara sendos trabajos realizados por el grupo de la UPNA “Comunicaciones, Señales y Microondas”, encabezado por el catedrático Mario Sorolla, y un grupo de la Universidad Jiao Tong de Shanghai, China.
Un pulso es una onda electromagnética de corta duración. Los investigadores han diseñado un prototipo especial, un medio superluminar a través del cual emiten el pulso. Se trata de una estructura metálica en forma de sándwich, perforada periódicamente y con láminas dieléctricas (que no conducen electricidad) a ambos lados. “La principal ventaja de nuestro diseño —indica Miguel Navarro— es su simplicidad y su escalabilidad a cualquier rango de frecuencias, desde ondas de radiofrecuencia hasta el visible e, incluso, más allá, hasta el ultravioleta”.
Este trabajo, al igual que el de la universidad china, no viola la teoría de la relatividad descrita por Einstein, según la cual la información no puede viajar más rápido que la luz. Para comprender cómo se propaga un pulso, debemos imaginar esa onda electromagnética como si fuera una ola que va avanzando, de modo que tendríamos el pico del pulso (la cresta de la ola) y también una parte anterior y posterior al pulso (el agua que permanece por detrás y por delante de la ola).
Así lo explica el investigador Miguel Navarro: “La superluminalidad se observa con respecto al pico del pulso, y no con su parte delantera, lo que representa la verdadera causalidad de la teoría de la relatividad. Cuando emitimos un pulso sobre un material normal, al propagarse, el pico del pulso permanece en el mismo lugar; sin embargo, cuando el pulso se emite a través del prototipo diseñado, este material hace que el pico del pulso se produzca más adelante y puede parecer que viaja tan rápido que aparece en su destino antes incluso de que el pulso haya iniciado su recorrido de entrada en el prototipo”.
Aunque puede parecer que el pulso viaja a mayor velocidad que la luz, no es así: “Cualquier sistema que explote este fenómeno no será capaz de producir su efecto hasta que el pulso que lleva la señal haya comenzado su viaje. Por tanto, seguirá existiendo el límite fundamental de la velocidad de la luz que no podremos rebasar. Ahora bien, los nuevos sistemas que surjan podrán aprovechar este fenómeno para acercarse más a este límite teórico”.
La colaboración del grupo de Mario Sorolla con Vitaliy Lomakin se remonta a 2006 y ha estado marcada por dos grandes hitos en el campo de los metamateriales y de la transmisión extraordinaria: la transmisión de energía a través de láminas metálicas perforadas con agujeros tan pequeños que, según las teorías clásicas, no permitirían el paso eficiente de energía.
En concreto, su primer trabajo en común, publicado en Optics Express en 2007, demostró la posibilidad de miniaturizar estructuras con transmisión extraordinaria y de utilizar éstas para obtener un medio metamaterial con índice de refracción negativo y bajas pérdidas, paso fundamental para tener una lente perfecta y la soñada capa de invisibilidad. Este segundo trabajo, ahora publicado, marca un récord de alta transmisión en una estructura superluminar, lo cual abre las puertas a aplicaciones reales sin tener que depender de amplificación.
“El éxito de esta colaboración radica en la complementariedad de ambos grupos: mientras nuestro grupo se caracteriza por un fuerte perfil experimental, Vitaliy Lomakin es un reconocido teórico. Y además, ambos tenemos una pasión especial por estructuras periódicas con transmisión extraordinaria, lo que hace tener un mismo interés y objetivo”, comenta Mario Sorolla.
Hasta la fecha, el grupo de Mario Sorolla ha publicado en el campo de la transmisión extraordinaria (que es uno de los aspectos principales del trabajo de superluminalidad) 1 capítulo de libro, 45 artículos en revistas internacionales y más de 100 comunicaciones en congresos internacionales. Asimismo, el trabajo del grupo en este campo ha dado lugar a las tesis de Miguel Beruete (2006) y Miguel Navarro (2010), esta última galardonada en 2011 por el Colegio Oficial y Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación con el premio a la Mejor Tesis Doctoral en “Fundamentos y tecnologías básicas de la información y las comunicaciones, y sus aplicaciones”. (Fuente: SINC/UPNA)
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sábado, 20 de agosto de 2011
viernes, 10 de junio de 2011
¿El espacio y el tiempo son fundamentales?
De todos los misterios de la vida y el universo, ninguno se resiste más obstinadamente a los mejores ojos de los sabuesos de la ciencia, que la naturaleza final del espacio y el tiempo.
Cada varios siglos aproximadamente, tienen lugar profundas visiones, inmortalizando los nombres de los investigadores que las lograron: Euclides (que catalogó las visiones que le precedieron), Galileo, Newton, Einstein. Aunque cada avance deja cuestiones más profundas sin resolver. Y ahora, los mejores cerebros del siglo XXI, aún no pueden decir con seguridad si el espacio y el tiempo son bloques básicos de la existencia natural, o si ellos mismos están construidos a partir de ingredientes más primordiales, hasta el momento, imperceptibles.
Newton simplemente declaró el espacio y el tiempo como absolutos y constantes, proporcionando una arena adecuada para el funcionamiento de sus leyes de movimiento y gravedad. Einstein vio, y demostró, que el espacio y el tiempo en realidad cambian de forma o velocidad conforme se desarrollan los acontecimientos; la masa y el movimiento curvan el espacio y alteran el flujo del tiempo.
Para solventar estos inconvenientes se requería de una fusión, espacio y tiempo se convirtieron en espacio-tiempo. De esa fusión surgió un bonus: Un modelo para la evolución del cosmos, desde una mota inicial de materia y energía a una gigantesca red multigaláctica.
Actualmente, sin embargo, la capacidad del espacio-tiempo para acomodar los fenómenos naturales ha empezado a apagarse, conforme los físicos llevan sus sondas hasta los límites de distancia y duración. Por debajo de cierta minúscula distancia, la dimensión de la longitud no puede explorarse más allá, ni siquiera definirse. El tiempo se enfrenta a un límite similar cuando la duración se aproxima a lo muy breve.
Las teorías principales actuales para responder estas grandes cuestiones cósmicas, sugieren que ni el espacio ni el tiempo parecen la receta final de la realidad. En algún punto entre la estufa y la mesa, surgen el espacio y el tiempo, cocinadas a partir de un conjunto de ecuaciones subyacentes a una existencia sin reglas de medir ni relojes. Al menos ésta es “la creencia actual más extendida”, dice el físico Joe Polchinski del Instituto Kavli para Física Teórica en la Universidad de California en Santa Bárbara.
El espacio como sociedad
Para ilustrar esto, Fotini Markopoulou del Instituto Perimeter de Física Teórica en Waterloo, Canadá, compara el espacio con la sociedad. El espacio, como la sociedad, tiene características que pueden describirse – los libros de texto de geometría catalogan las propiedades del espacio y sus implicaciones. Pero el espacio, tal y como se refleja en geometría, no necesitaba estar presente al inicio. Podría haber surgido a partir de interacciones de materia y fuerzas, de la misma forma que la sociedad se materializa a partir de las interacciones entre personas.
“Tenemos sociedades capitalistas, agrícolas, totalitarias”, escribe Markopoulou en un artículo de 2008 (arXiv.org/abs/0909.1861). Nadie queda confundido por frases tales como “nuestra sociedad es adicta al crédito”. Pero eso ni significa que la sociedad sea una característica fundamental de la existencia.
“Una sociedad no existe de manera independiente a sus miembros”, señala Markopoulou. “Podemos ver la geometría del espacio-tiempo como el análogo de la sociedad, con el papel de individuos desempeñado por la materia y su dinámica”.
Como señala Polchinski, especificar el estatus del espacio-tiempo en relación con la materia es parte de la búsqueda de una teoría de la gravedad cuántica – las matemáticas que unificarían la teoría de la relatividad de Einstein, que describe el espacio-tiempo a gran escala, con la física cuántica que gobierna el micromundo. Una pista clave en esta búsqueda es una correspondencia entre la superficie de un agujero negro, un pozo sin fondo gravitatorio del que nada escapa, y el espacio en su interior. Resulta que una descripción matemática del límite exterior del agujero negro (el punto de no retorno para los objetos que caen en él) contiene toda la información necesaria para especificar las tres dimensiones del interior. En esencia, esto significa que el espacio 3-D dentro de algo emerge a partir de la física de la superficie 2-D.
El tiempo materializado
Generalizar las peculiaridades de los agujeros negros al espacio y tiempo común sigue siendo un desafío investigador para los físicos que trabajan con gravedad cuántica. Pero la mayor parte están de acuerdo en que antes o después el espacio y el tiempo tendrán que marcharse. La Teoría de Cuerdas – la aproximación más estudiada a la gravedad cuántica – ofrece varios ejemplos de cómo el espacio, en lugar de ser fundamental, surge a la existencia, como esbozó el físico Nathan Seiberg del Instituto de Estudios Avanzados en Princeton, Nueva Jersey, en un artículo de 2006 (arXiv.org/abs/hep-th/0601234).
Si la materia en su composición más básica está formada de diminutas cuerdas vibrantes, por ejemplo, se hace imposible estudiar el espacio a una distancia arbitrariamente pequeña, observa Seiberg. Ésta es otra forma de decir que a distancias menores que una distancia dada (muy corta), la idea de espacio pierde su sentido.
Un mayor estudio de teorías sin espacio puede que ayuden a resolver algunos serios problemas a los que se enfrentan los físicos actuales, cree Seiberg. La Teoría de Cuerdas implica incontables estados posibles de vacío – es decir, espacios de distintas propiedades físicas – sin un método obvio para determinar cuál debería haber elegido el universo visible. Saber cómo surge el espacio a partir de un estado sin espacio podría ayudar a explicar por qué los humanos existen en un espacio particular entre las incontables posibilidades.
Librarse del tiempo supone problemas más difíciles, reconoce Seiberg. Las nociones básicas de la física, tales como que las causas preceden a los efectos, o predecir la salida de un experimento antes de que se realice, parecen perder su significado su no hay tiempo para definir antes y después. Por lo que algunos físicos, por ejemplo Markopoulou, han sugerido que incluso si el espacio es emergente, el tiempo puede seguir siendo fundamental. De hecho, conjetura que el tiempo es necesario para permitir que los procesos cuánticos creen la ilusión del espacio. El espacio puede que no estuviese por allí en el inicio, pero ese inicio sería aún un nonato sin tiempo para que la realidad se iniciara.
Seiberg, sin embargo, cree que espacio y tiempo desaparecerán en el desagüe cósmico juntos.
“Mi prejuicio personal es que estas objeciones y cuestiones no son obstáculos para un tiempo emergente”, escribe Seiberg. “En lugar de esto, deberían verse como desafíos y, tal vez, incluso como pistas para las respuestas”.
Más intrigante aún, señala, es que el estatus final del espacio y el tiempo en la naturaleza puede tener algo que decir sobre la práctica de la ciencia. Gran parte de la ciencia moderna se basa en el concepto de reduccionismo – explicar los fenómenos a gran escala a partir de las leyes que funcionan a escalas menores. Esta idea, finalmente colapsará su hay una escala mínima por debajo de la cual el espacio deja de existir.
“Por tanto, una vez comprendamos cómo surge el espacio-tiempo, podríamos buscar leyes aún más básicas, pero estas leyes no operarían a distancias más cortas”, escribe. “Esto se sigue del simple hecho de que la noción de “distancias más cortas” dejaría de tener sentido. Esto podría significar el final del reduccionismo estándar”. Y el principio de una nueva visión no sólo del espacio, sino de la propia ciencia.
Tan pequeño como pueda ser
Las actuales teorías son incapaces de describir el espacio y el tiempo por debajo de ciertos límites definidos por lo que llamamos “unidades naturales”. Estas unidades, propuestas por el físico alemán Max Planck, se derivan de cantidades fundamentales como la velocidad de la luz. Una teoría que unifique mecánica cuántica con gravedad tendrá que revelar si es espacio y el tiempo son conceptos con sentido a escalas menores.
Longitud de Planck: 1,616 x 10–35 metros
La longitud de Planck se deriva de la constante gravitatoria de Newton, la velocidad de la luz y la propia constante de Planck de la teoría cuántica. Es increíblemente pequeña: Comparar su tamaño con el de una bacteria es como comparar el tamaño de una bacteria con el del universo visible. Muchos físicos creen que a longitudes más cortas el espacio no puede estudiarse, y la idea de distancia pierde su sentido.
Tiempo de Planck: 5,391 x 10–44 segundos
El tiempo de Planck también se calcula a partir de la constante gravitatoria, la velocidad de la luz y la constante de Planck, de tal forma que moverse a una longitud de Planck cada tiempo de Planck sería igual a moverse a la velocidad de la luz. Las actuales teorías serían incapaces de describir el universo a una edad menor que el tiempo de Planck; los físicos esperan que una teoría de la gravedad cuántica pudiera iluminar tal época.
Autor: Tom Siegfried
Fecha Original: 23 de abril de 2011
Enlace Original
martes, 28 de diciembre de 2010
Consiguen Crear un Superfotón
24 de Diciembre de 2010.
Se ha logrado desarrollar una fuente del todo nueva de luz, descrita como un condensado de Bose-Einstein integrado por fotones. Hasta hace poco, todo experto lo habría considerado imposible.
Este método puede potencialmente ser adecuado para el diseño de nuevas fuentes de luz, parecidas a los láseres, que funcionen en la banda de los rayos X. Otra aplicación podría estar en la creación de chips más potentes.
Enfriando a muy baja temperatura átomos de rubidio y concentrando un número suficiente de ellos en un espacio compacto, se vuelven indistinguibles. Pasan a comportarse como una sola y gran "superpartícula".
Los físicos llaman a esto un condensado de Bose-Einstein.
Para las partículas de luz, o fotones, esto también debería funcionar. Pero había un problema fundamental. Cuando los fotones son "enfriados", desaparecen.
Hasta hace unos meses, parecía imposible enfriar la luz y concentrarla al mismo tiempo.
Sin embargo, un equipo de físicos de la Universidad de Bonn, Jan Klars, Julian Schmitt, Frank Vewinger y Martin Weitz, hallaron un modo de hacerlo. Han logrado concentrar de tal modo fotones enfriados que se condensan en un "superfotón".
Este condensado de Bose-Einstein fotónico es una fuente de luz completamente nueva que tiene características similares a las de los láseres, pero con una ventaja decisiva: Por ahora, no es posible producir láseres prácticos que generen luz de onda muy corta, como por ejemplo la de la banda de los rayos X; en cambio, con un condensado fotónico de Bose-Einstein esto sí sería posible.
Este método puede potencialmente ser adecuado para el diseño de nuevas fuentes de luz, parecidas a los láseres, que funcionen en la banda de los rayos X. Otra aplicación podría estar en la creación de chips más potentes.
Enfriando a muy baja temperatura átomos de rubidio y concentrando un número suficiente de ellos en un espacio compacto, se vuelven indistinguibles. Pasan a comportarse como una sola y gran "superpartícula".
Los físicos llaman a esto un condensado de Bose-Einstein.
Para las partículas de luz, o fotones, esto también debería funcionar. Pero había un problema fundamental. Cuando los fotones son "enfriados", desaparecen.
Hasta hace unos meses, parecía imposible enfriar la luz y concentrarla al mismo tiempo.
Sin embargo, un equipo de físicos de la Universidad de Bonn, Jan Klars, Julian Schmitt, Frank Vewinger y Martin Weitz, hallaron un modo de hacerlo. Han logrado concentrar de tal modo fotones enfriados que se condensan en un "superfotón".
Este condensado de Bose-Einstein fotónico es una fuente de luz completamente nueva que tiene características similares a las de los láseres, pero con una ventaja decisiva: Por ahora, no es posible producir láseres prácticos que generen luz de onda muy corta, como por ejemplo la de la banda de los rayos X; en cambio, con un condensado fotónico de Bose-Einstein esto sí sería posible.
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