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sábado, 10 de septiembre de 2011

La salud se resiente al recordar negativamente el pasado

La vuelta al trabajo después de las vacaciones es para muchos una pesadilla. ¿Mejora la salud recordar el pasado de forma positiva? Una investigación de la Universidad de Granada (UGR) afirma que la actitud de las personas hacia los eventos pasados, las vivencias presentes o las expectativas futuras, influye en la percepción de la salud y en su calidad de vida.

“Hemos observado que cuando las personas tienen una actitud negativa hacia los eventos pasados de su vida, y al mismo tiempo, se tiene una actitud pesimista o fatalista respecto de los eventos presentes, se generan mayores problemas en sus relaciones y son estas personas las que presentan los peores indicadores en calidad de salud”, explica a SINC Cristián Oyanadel, investigador de la UGR y coautor del estudio que publica la revista Universitas Psychologica.

Los investigadores evaluaron mediante cuestionarios y pruebas de estimación temporal a 50 individuos (25 mujeres y 25 hombres entre los 20 y 70 años) de una muestra aleatoria. El perfil de orientación temporal se midió aplicando el test denominado Inventario de orientación temporal de Zimbardo, diseñado en Estados Unidos y validado en numerosos países –incluido España–. Este test recoge cinco dimensiones que describen actitudes hacia el pasado, el presente y el futuro.

Una vez agrupados por perfiles según su estimación del tiempo, aplicaron a los encuestados un cuestionario de calidad de vida para medir su salud física y mental.

“Según lo observado en nuestro estudio, la dimensión más influyente es la percepción del pasado. Una visión negativa de este se relaciona altamente con peores indicadores de salud”, apunta el investigador.

Las personas con esta tendencia negativa reportan dificultades para esforzarse físicamente en actividades cotidianas y limitaciones físicas para el rendimiento en el trabajo; perciben mayor dolor corporal y tienen mayor predisposición a enfermar.

“Además, presentan tendencia a estados depresivos, ansiosos y alteraciones conductuales en general”, añade Oyanadel.

Los tres perfiles temporales encontrados entre los participantes del estudio corresponden a tres estilos: predominantemente negativo y predominantemente orientado al futuro –los dos más extremos– y otro más equilibrado.

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Las personas con percepción negativa del pasado reportan dificultades para esforzarse físicamente en actividades cotidianas y limitaciones físicas para el rendimiento en el trabajo. (Imagen: SINC) 
 
“El perfil equilibrado es el ideal puesto que resulta de una actitud saludable en las tres zonas temporales. Son personas que aprenden positivamente de las experiencias pasadas, se orientan al cumplimiento y autoexigencias de metas en el futuro, pero no descuidan la posibilidad de vivir emociones y experiencias agradables y placenteras”.Asimismo, estas personas cuentan con una mayor puntuación en las capacidades de esfuerzo físico, mejor salud mental general, menos tendencia a enfermar y menor percepción de molestias o dolores corporales.

“Por otro lado, las personas orientadas al futuro, es decir, a dejarlo todo por cumplir metas y exigencias personales olvidándose de vivir experiencias agradables presentes y con poca conexión con sus experiencias pasadas positivas, no tienen mala salud física y mental, pero esta es de menor calidad que las personas del grupo equilibrado”, concluye Oyanadel.

sábado, 23 de julio de 2011

La atracción subliminal de las cosas que nos satisfacen

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Hay cierta conexión entre la euforia que causan las drogas y cómo esa sensación "reconfigura" el cerebro de modos que hacen que sea difícil suprimir el ansia de volver a vivir la experiencia. Sin ir más lejos, los objetos relacionados con una sensación gratificante atraen automáticamente la atención, como por ejemplo la visión de un mechero puede evocar en un ex-fumador el placer de fumar.


El mundo que nos rodea a menudo está rebosante de estímulos sensoriales, demasiados para que podamos experimentarlos todos a la vez. Así que algo llamativo, como por ejemplo un portazo, capta de manera automática nuestra atención, haciendo que dejemos de lado otras cosas. O bien, de modo intencionado, nos concentramos en algo que es importante para nosotros en ese momento, como localizar a un familiar o amigo de entre una multitud de gente. También se sabe que tendemos a dedicar más atención a las cosas que son gratificantes, como el alimento cuando tenemos hambre, o el agua cuando tenemos sed.

Entonces, ¿qué sucede cuando las cosas que consideramos gratificantes no son las que estamos buscando en ese momento? ¿Todavía son lo bastante atrayentes como para atraer nuestra atención, cuando hay otras cosas que compiten por ella?

Según un equipo de neurocientíficos de la Universidad Johns Hopkins, la respuesta a esto último es Sí.

Este equipo, dirigido por Steven Yantis, del Departamento de Ciencias Psicológicas y del Cerebro, efectuó un experimento en el cual se comprobó que los sujetos de estudio que estaban realizando una tarea de búsqueda visual se distraían cuando de modo ocasional aparecían objetos que anteriormente habían estado asociados a pequeñas cantidades de dinero.

Los resultados de este estudio van a ser de utilidad para profundizar en los entresijos de cómo responde el cerebro ante estímulos de gratificación, y también podrían contribuir al desarrollo de tratamientos más eficaces para combatir la adicción a drogas, la obesidad y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.


Comprender los mecanismos cerebrales y psicológicos de la asociación objeto-recompensa y por qué algunas personas son más susceptibles a ella que otras podría conducir a tratamientos más eficaces.

lunes, 18 de julio de 2011

Problemas mentales derivados de la contaminación atmosférica

Una exposición prolongada a la contaminación atmosférica puede llevar a cambios físicos en el cerebro, así como ocasionar problemas de aprendizaje y de memoria, e incluso ansiedad. Así lo sugieren los resultados de una nueva investigación con ratones.

Mientras que otros estudios han mostrado los efectos perjudiciales del aire contaminado en los pulmones y en el corazón, éste es el primero en mostrar el impacto negativo sobre el cerebro.

El equipo de Laura Fonken, Randy Nelson, Qinghua Sun y Sanjay Rajagopalan, de la Universidad Estatal de Ohio, Estados Unidos, ha extendido al cerebro una línea de investigación anterior en la cual se comprobó que el material particulado fino que flota en el aire, por culpa sobre todo de la contaminación atmosférica causada por el Hombre, causa inflamación en buena parte del cuerpo, y puede estar relacionada con problemas de presión arterial alta, diabetes y obesidad.

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Randy Nelson. (Foto: OSU)
Fonken y sus colaboradores expusieron a los ratones a un aire contaminado o filtrado durante seis horas cada día, cinco días por semana, a lo largo de un período de 10 meses, casi la mitad del tiempo de vida medio de los ratones.

El aire contaminado contenía partículas finas, el mismo tipo de polución creado por automóviles, fábricas y el polvo natural. Las partículas finas de esa clase son diminutas, de unos 2,5 micrómetros de diámetro, o aproximadamente una treintava parte del grosor de un cabello humano. Estas partículas pueden penetrar a gran profundidad en los pulmones y otros órganos del cuerpo.

La concentración de este material particulado al que fueron expuestos los ratones es equivalente a la concentración a la que las personas pueden estar expuestas en algunas áreas urbanas contaminadas.

Después de transcurridos los 10 meses, los investigadores sometieron los animales a una serie de pruebas de comportamiento. Tanto la conducta de los ratones, como los resultados de los exámenes neurológicos que se les hizo, denotan que los sometidos al aire polucionado tenían más problemas de aprendizaje y memorización, y mayores niveles de ansiedad.
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Foto: NCYT/MMA

Los resultados sugieren que la exposición prolongada al aire contaminado puede tener efectos medibles y negativos en el cerebro humano, capaces de provocar diversos problemas de salud mental. Esto podría acarrear consecuencias importantes y preocupantes para quienes viven y trabajan en áreas urbanas contaminadas.

lunes, 6 de junio de 2011

Individuos con personalidad distinta en otras especies animales

Los seres humanos tenemos personalidades diferentes, y eso determina en buena medida el destino de cada cual. La personalidad de un sujeto suele ejercer una importante influencia en el rumbo de su vida. Algunas personas son extrovertidas y muy sociables. Otras son introvertidas y desconfiadas. Ambas clases de personalidades tienen sus pros y sus contras.

Y cada vez hay más evidencias científicas que corroboran lo que sabe casi toda persona que haya convivido con animales domésticos: En los animales superiores, como por ejemplo perros, gatos y aves, los individuos también tienen personalidades distintas.

En un nuevo estudio, se ha obtenido una prueba más de esto; concretamente se ha demostrado que las personalidades de pájaros de una misma especie, el verderón, se reflejan incluso en sus perfiles de estrés oxidativo.

Las investigadoras Kathryn Arnold del Departamento de Medio Ambiente de la Universidad de York, y Katherine Herborn, del Instituto de Biodiversidad, Salud Animal y Medicina Comparativa de la Universidad de Glasgow, ambas instituciones del Reino Unido, se propusieron clasificar las personalidades de 22 verderones.

Para observar las reacciones de cada pájaro a una situación nueva, agregaron un molde cortagalletas de colores brillantes al cuenco de comida de cada ave, y cronometraron cuánto tardaba cada una en decidir acercarse a la comida. Las investigadoras constataron que los pájaros más atrevidos tardaban sólo unos pocos segundos en decidir que el molde cortagalletas no era peligroso y acercarse a él. Los pájaros más precavidos pasaban hasta 30 minutos vigilando de lejos el molde antes de llegar a la misma conclusión.

Arnold y Herborn también midieron el nivel de interés de cada pájaro en explorar cosas nuevas. Lo hicieron agregando un objeto intrigante a la percha de cada ave, y cronometrando cuándo tardaba cada una en posarse a su lado. No hubo correlación entre el grado de interés en explorar y el grado de atrevimiento medido en el primer experimento.

Las investigadoras midieron en cada pájaro los niveles de metabolitos de oxígeno reactivo y sus defensas contra estos. Cotejando el perfil de estrés oxidativo de cada pájaro con los rasgos de su personalidad puestos de manifiesto en los experimentos, Arnold y Herborn han constatado que las aves más cautelosas tenían los niveles más altos de toxinas de oxígeno y las defensas más débiles, de modo que sufrían de mayor estrés oxidativo que sus compañeras más temerarias.

Las científicas también han comprobado que los pájaros con mayor vocación exploradora tenían mejores defensas contra los daños oxidativos que los pájaros con escaso interés en explorar cosas nuevas.

En su vida natural en libertad, los pájaros que más recelan de lo desconocido y que por tanto se angustian más, pueden ver perjudicada su salud por culpa del estrés oxidativo y morir antes que los más despreocupados. Pero, por otra parte, estos últimos, aunque gocen de mejor salud y potencialmente una mayor longevidad, se hallan bajo un mayor riesgo de ser devorados por depredadores a causa de su menor cautela ante lo extraño. Así que unos y otros cuentan con ventajas y desventajas que les igualan en éxito dentro de la carrera evolutiva. Por eso, ambos tipos de personalidad han perdurado a través del tiempo.

Libertad y poder, ¿inevitablemente unidos?

Gozar de una gran libertad para tomar las decisiones sobre nuestra vida que nos apetezcan es algo de lo que, en principio, podríamos disfrutar sin tener que ocupar un puesto muy alto en una jerarquía.

Sin embargo, a efectos prácticos, las personas que ocupan esos puestos elevados suelen tener mejores oportunidades para organizar su vida a su gusto. Y en un estudio se ha verificado que en la psicología humana ambas cosas tienden a ir de la mano, incluso en situaciones en las que libertad y poder no dependan mutuamente.

La gente instintivamente prefiere posiciones altas de poder en vez de bajas. De igual modo, tener muchas opciones entre las que escoger nos hace sentir mejor que tener pocas.

El equipo de la investigadora M. Ena Inesi de la Escuela de Ciencias Empresariales de Londres sospechaba que la necesidad de tener el control podría ser el elemento crítico que estos dos procesos aparentemente independientes tuvieran en común. El poder nos da control sobre lo que otras personas hacen, en tanto que la libertad de tomar decisiones sobre el rumbo de nuestra vida nos da control sobre lo que hacemos nosotros.

Los resultados de los experimentos psicológicos que el equipo llevó a cabo con voluntarios son claros: Los sujetos a quienes se les hizo sentir con poco poder tendían luego a escoger comprar unas gafas de sol en una tienda donde podían escoger entre 15 modelos, en vez de otra, más cercana, en la que sólo podían escoger entre 3.